"feliz navidad....ratatatatatata ... y feliz año nuevo ratatata... tá"
Lo fantástico de cada víspera navideña es poder ver Mi Pobre Angelito 1 y 2 maratónicamente.
Ese chico lo es todo, la fuente de inspiración de todo el que tuvo 7 años en 1994. Alguna vez quisiera tirar un ladrillo con tanta calidad sobre la frente de un malechor que me persiga para asesinarme, o s
obre la frente de Carmen Barbieri, si fuera posible.
He notado que algo extraño sucede en este barrio y es que faltando pocos días para la navidad, no se ve ningúna turba de idiotas tirando petardos y eso me pone felíz. Lo malo es que eso reduce mis razones para decir cosas horribles en contra de esas personas, pero como es mi blog y escribo lo que quiero, voy a expresar mis más profundos deseos de que la causa del silencio pirotécnico sea que toda esa bola de infelices subnormales, que gastan $200 en bolsas de petardos y mierdas con pólvora, hayan muerto el año pasado en el Instituto del Quemado, simplemente, porque ése tipo personas no debería existir. Cada 25 de diciembre al mediodía, (sumado al odio hacia la humanidad que siento por no poder dormir tanto como mi cuerpo necesita) me invade el odio por todos los simios que Crónica captura con sus cámaras desde las 00.02 en hospitales precarios del conurbano, con sus madres al lado del bodoque blanco en vendas e inmóvi, contando la conmovedora historia del jóven que, tiernamente, intentó entretener a los niños de la cuadra montando una caña voladora de 1 metro encendida y terminó incinerado y revolcándose en un sanjón. En mi opinión, deberían dejarlos morir en el anonimato más absoluto, por salames.
Por lo tanto, este año no sé si salir a bailar o quedarme a ver como se va reduciendo la delincuencia en mi barrio de la mano de la pirotecnia y de los corchos que dejan ciegas a las personas. Los ciegos no roban, casi.
En otro orden de cosas, creo que no odio tanto las fiestas. A mi en realidad la navidad me agrada un poco; ya sé que está de moda decir que uno odia estas cosas y blah, pero a mi parecer es cool, porque todos andan contentos y se hacen chistes desde el quincho hasta la cocina o de vereda a vereda, aunque nunca se sabe bien por qué, porque yo no creo que hayan razones valederas para andar todos contentos al mismo tiempo.
Lo malo es que en estos festejos me gustaría tener un tío borracho, como cualquier persona normal, no sé, para poder agarrar de boludo y reirnos, o para que quiera decir algo en el brindis y no pueda pronunciar las vocales y cosas así de tíos borrachos, pero no, en esta sigo participando, una mierda. Igual a mi me gustan las fiestas, independientemente de la felicidad aparente de las personas o de los familiares mas o menos ebrios que uno pueda tener, principalmente porque es zarpadamente buena onda abrir regalos, aunque después sean feos. En mi familia, la regla es que los regalos grosos y envueltos y sorpresa (léase abajo del árbol) son para los chiquitos, pero como soy la favorita de mis tíos todos, la regla no es aplicable conmigo, de manera que año tras año sigo encontrando bajo el arbolito muchos paquetes con mi nombre y siento mariposas en la panza al notar la envidia de mis primos más grandes que no corren con mi misma suerte. Muéranse, por no ser adorables.
También estaba pensando que los comerciantes sádicos y

enfermos que obligan a sus empleados a meterse dentro de un disfraz de Papa Noel aterciopelado (al menos los de todo el conosur) deberían ser condenados por cometer delitos de lesa humanid
ad o alguien debería romperles las vidrieras con bates de aluminio criogénicos, sería justo. Cada vez que veo a un tipo de esos lo pienso y bueno, también me da risa, pero cuando veo que hablan lento y agitan medio débiles la campanita, reaparece la pena.
Otro sentimiento que me asalta en estas épocas son los celos materialistas. Siento celos de mis primitos que, amparados por su ilusión papanoelesca, pueden pedir todo lo que sueñen momentáneamente, y digo momentaneamente porque es sabido que 15 minutos después de abrir el regalo por el que lloraron todo diciembre y parte de noviembre, se aburren y quieren el del hermano, pero bueno, decía que aveces siento odio porque por más estúpido e inútil que sea lo que pidan, siempre lo obtienen; sólo deben escribirlo en un papel y dejarlo en un zoquete mugroso, eso es todo. Claro, así yo también creería. Este año voy a hacer una cartita y a pedir un avión Jumbo a chorro, para escribir en el cielo "PAPA NOEL NO EXISTE, SOBURROS" y así acabar con esta mentira y equiparar posibilidades de conseguir regalos absurdos y fantásticos momentáneamente. Porque a mi se me ocurren todo el tiempo, pero nadie me da pelota.
Hay muchas cosas que estoy pensando en cuanto a la navidad, pero todos los pensamientos se ven bloqueados por el calor de mierda que tengo, por el fastidio de algunos insectos que vuelan y eso, como anticipo del verano, me pone de mal humor.
Este fue mi post navideño, ahí se vieron.